FRUTA TROPICAL COMO INSECTICIDA NATURAL

Además de ser una fruta tropical, el mamey puede usarse como insecticida para el control de plagas en hortalizas
La clave del éxito está en triturar la semilla del mamey, la cual una vez procesada puede aplicarse como cualquier otro insecticida.
Amparo Aguilera
Al igual que el nim, el mamey, es una de las 1,800 especies de plantas con propiedades tóxicas para plagas de hortalizas y especies frutales. Sin embargo, esta cualidad es desaprovechada a nivel local.
Según Arnulfo Monzón, docente investigador de la Facultad de Agronomía en la Universidad Nacional Agraria (UNA), las semillas de mamey contienen una sustancia activa denominada mameyin, la cual también es conocida como mamein, que elimina por contacto e ingestión a plagas como la Plutella y Ascia: ambos gusanos desfoliadores del repollo.
Además, asegura que mata plagas como la Diaphania, larvita que perfora las plantitas de melones recién nacidas y los frutos. También mata a gusanos cogolleros, que dañan el brote nuevo de los maizales. Asimismo, es nocivo para los gusanos chupadores que arrugan las plantas y las tornan amarillentas. Aunque también hace lo suyo contra cucarachas, moscas y garrapatas.
“Esto sin generar costos significativos a los agricultores, porque inclusive el mamey es un fruto que se desperdicia en el país, ya que poco se consume”, indica el especialista.
USOS Y APLICACIONES
El mamey como insecticida no requiere ninguna ciencia. Monzón explica que éste se puede utilizar de forma artesanal o procesado.
Detalla que para usarlo de forma artesanal como insecticida primeramente se tienen que recolectar los frutos maduros que yacen en el suelo, porque están más próximos a la descomposición y esto permite eliminar rápidamente las pulpas para llegar a la semilla, que es la que está dotada de propiedades insecticidas.
Luego la semilla se deja secar y se le arranca la cáscara de manera que quede la almendra, que luego se tritura o muele en molino de mano para transformarla en polvo.
Ya con ésto, el docente expone que se mezcla con agua, sea hirviendo o a temperatura normal, para aplicarla al campo. De acuerdo a Monzón, una manzana conlleva 10 libras de polvo y 300 litros de agua.
Pero si se procesa, industrialmente, rinde más. Monzón especifica que en este proceso la semilla se somete al laboratorio para obtener únicamente sus ingredientes activos, es decir, un extracto más puro, con ayuda de un solvente orgánico.
Tras esto dice que el extracto, el cual es un material grasoso, se puede formular con acetona, alcohol o éter de petróleo en frascos, a como se ofertan los insecticidas químicos.
“Y con dos a tres libras, con 300 litros de agua, ya se puede aplicar en los cultivos”, apunta. Aunque este método no es común ni en el país ni el resto del istmo.
DÓNDE OBTENERLO
Otro punto a favor del mamey, es su producción perenne, ya que el mamey se cosecha en verano y en invierno. Su producción, ésta se concentra en el Pacífico de Nicaragua, especialmente en los cafetales, donde se utiliza como cortinas rompevientos. De forma, que sus frutos son una opción permanente para quien los quiera consumir.
De acuerdo al investigador, los árboles se desarrollan relativamente rápido: entre seis a siete años, período en el cual puede alcanzar hasta los 20 metros de altura.
Comenta que cada árbol produce hasta 400 frutos y cada una, contiene de una a tres semillas.
ES UN ARBOL SENSIBLE
El Mamey, (Mammea americana L), es nativo de las Antillas, desde donde se ha extendido a América Tropical.
Es un árbol que se mantiene siempre verde con la copa piramidal, densa, y una corteza marrón-grisáceo, de áspera a escamosa o agrietada.
Requiere de suelos fértiles, bien drenados; de sol constante. Aunque soporta sólo “suaves” sombras. Sin embargo no tolera el frío.
Tiene diversos usos: su madera puede utilizarse en postes y como combustible; el fruto puede consumirse fresco en ensaladas, jugos; también en conservas, mermeladas y hasta como licor.
MAS BONDADES
Arnulfo Monzón, docente investigador de la Facultad de Agronomía en la Universidad Nacional Agraria (UNA), explica que el mamey, como insecticida, detiene la reproducción de las plagas malignas para los cultivos. “Y al igual que muchos insecticidas botánicos no afecta la población de los enemigos naturales de las plantaciones, es decir, de los insectos benéficos”, apunta.











